Por Bertrand Hamel

Hoy me siento ciudadano del mundo y me gustaría compartir con vosotros un elemento muy importante en la práctica de las Artes Internas (en chino Jei Jia...) Lo denominaremos la/s Raíces... Como siempre necesito que hagáis un esfuerzo de comprensión.  Nacido ne París, he vivido durante muchos años en esta maravillosa y caótica ciudad y he entrenado bajo la dirección de diferentes "instructores", "profesores" y "Maestros" franceses...

Cuando vi por vez primera el símbolo del Yin Yang en un letrero de madera colgado en una pared parisina, no sabía que al seguir  instintivamente esta señal que había llamado mi atención y derrotado a mi pereza - había que subir cinco pisos para llegar hasta la puerta de un apartamento en la que estaba escrito AIKIJUNDO; TAI CHI CHUAN; YOGA, junto al símbolo del Yin Yan; Escuela de la Mano de oro-, iba a cambiar mi vida.  Por este motivo he decidido hablaros de mis raíces, incluso puede que despierten recuerdos olvidados de vuestra infancia.  El Maestro se llama Pierre, y en aquella época enseñaba el Aikijundo o la Vía del agua (arte del agarre sin caída y en espiral), el Tai Chi Chuan y el Bagua Zhang.

Sus colaboradores enseñaban el Yoga, me avergüenza no recordar el nombre de la maestra, el Aikido del Aikikai del Japón (Jacques y Maite); Paul, el Do In (automasaje japonés); Jean Claude "el montañés"; el kototama (arte de los sonidos japoneses) y un masaje que permite transmitir la energía del corazón y que abrasaba nuestras manos al practicarlo día tras día.

Ignoraba entonces que este hombre, Pierre, sería MI GUERRERO PACIFICO (podéis consultar el libro con idéntico titulo del autor  Dan Millmann) Desconocía entonces que iba a despertar mi atención, instinto, memoria reptiliana, transmitiéndome día a día "la mano de Oro", derecha e izquierda, aquellas que dependen de la apertura del corazón, intención, ayudándome a manejar mejor mis emociones (cerebro límbio) a través de la práctica de disciplinas diferentes.

Solo años más tarde tomé conciencia del camino recorrido... Por ejemplo, el Tatami inestable sobre el cual practicábamos descalzos hecho a mano por él mismo; era irregular y peligroso como las arenas movedizas, en él perdí una parte de mi ego, mi yo: " joven gallo orgulloso y altivo".  Durante años no me tenía en pie, mis RAÍCES, ya no existían y mi ser vacilaba en cada movimiento... en fin, en aquella época aún me aferraba.  En la escuela de Pierre solo había "viejos", hombres y mujeres mayores de 30 años y yo era el niño mimado por todos, era el chaval, esto me ayudó a no huir...

Pierre pertenecía a la generación instruida en la facción dura, la escuela japonesa (jarate, judo, aikido, kobudo, jujitsu, zen) y boxeo francés.  Por suerte para nosotros ha sido el asistente del Maestro Noro (podéis consultar el libro "El Kinomichi", París), alumno directo del Maestro Ueshiba; así como uno de los pioneros franceses en recibir las enseñanzas del Maestro Li Guang Hua, que fue invitado para instruir a un grupo de personas que trabajaban en el ámbito de la medicina (podéis consultar el libro "Taijiquan Jean Gortais. Editorial Courrier du Livre).

Un día estábamos entrenando, éramos muy  pocos, era verano, hacía mucho calor, un chino llamó a la puerta acompañado de dos de sus hijas y de una mujer.   En una lengua incomprensible nos pidió que si podía hacer una demostración... tras dudar  Pierre asintió... entonces por primera vez en mi vida tuve la experiencia de entrar en un campo modificado de conciencia... esta humilde persona, sin demasiada apariencia exterior, es el Maestro T Y Pang-experto en Bagua, Tai Ji, Hsing I, Caligrafía, poesía...(podéis consultar el libro " Tai Ji Quan" editorial Americaine, Washington).

A partir de entonces nunca abandonaría mi búsqueda sobre los estados modificados de conciencia. 

Cuando se fue, todos estábamos en un estado de alegría y bienestar extremo, en éxtasis, y Pierre nos contó entonces, como conoció al Maestro T.T Liang (Miami, Boston) y porqué es útil practicar ocasionalmente el Taiji Quan con música para tener la oportunidad, cuando se empieza, de probar momentos de éxtasis, ya que - nos comentó- ayuda a entrar en campos modificados de conciencia despertando el lenguaje o el despertar de la memoria celular, así como, la calma mental necesaria para conseguir la tranquilidad precisa en el entrenamiento, antes o después de una jornada de un parisino estresado por el ruido y el furor de la ciudad.

Ese día  supe que emprendería mi camino, siguiendo los pasos de Pierre, para encontrarme con esos Maestros misteriosos que poseen el medio de hacerte entrar en ESTADOS DEL SER diferentes... Cuando visitéis París, no perdáis la ocasión de acudir a algún curso de Pierre Lapebie, Tai Ji Quan, 20 rui Saint Nicolas, París 11éme.

Gracias a los que te rodean y a ti, Pierre, por tu inspiración, tu luz, tu dulzura, tu sabiduría, tus brillantes ojos y tu humor.

En próximos números conoceremos juntos, si así lo queréis, el CAMINO DEL ÉXTASIS. 

Publicado en la revista Cinturón Negro,  nº146 pg-49)

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