
Estos apuntes van dedicados a todos los que nos hemos venido reuniendo en torno a Bertrand Hamel durante los últimos meses y sobre todo a Mariluz, que me dio una dirección hacia la que mirar. No pretendo con ello dirigirme solo a un círculo exclusivo, pero entiendo que desde esa posición se puede comprender mejor el sentido profundo de lo que quiero expresar. Procuro practicar lo que aprendemos durante esos fines de semana con él y voy disfrutando de las pequeñas experiencias que eso me proporciona. Son experiencias difíciles de trasladar al papel y por eso, hasta ahora, ni siquiera había hecho el intento. Después del seminario sobre “El camino del ADN” he practicado la tabla de los cinco elementos que él nos ha enseñado y, ahora me doy cuenta, durante ese tiempo buscaba, sobre todo, la exactitud en la ejecución de la tabla y me empeñaba en encontrar la relación de cada meridiano con su movimiento correspondiente. Craso error el mío, buscar en lugar de observar. Este fin de semana, después del trabajo de un nuevo seminario: “No hacer nada, dejar que suceda” y mi dura experiencia de la práctica del domingo, he llegado a casa y he decidido unir las dos ejercicios. Comencé por la tabla de los cinco elementos y continué con “la postura del encanto”. Esta mañana el orden ha sido el contrario y mi experiencia con la tabla ha sido completamente diferente. Durante el último Festival Internacional de Tai Chi que se celebra en “Lalita” he tenido el gusto de conocer a Linda Chase Broda. Ella es poeta y “sabe” como despertar el sentido poético de los que acuden a sus talleres, yo soy una de esas privilegiadas, y lo que me enseño Linda, este verano, ha dado fruto mientras hacía mi práctica con la tabla de los cinco elementos. Gracias a eso puedo expresar mi experiencia con estas palabras: La aventura del corazón . Mi corazón corta el aire como el hacha. Mi corazón desciende al fondo de la mar, llevando jirones de aires en el filo se encuentra con el cieno. Mi corazón se enrosca y trepa por la liana que de Él surge. Su abrazo es tan profundo, su caricia tan suave, que hace surgir la llama. Mi corazón se eleva con la lengua de fuego, primero con ardor, después con el sosiego de las brasas. Mi corazón aventa las cenizas por todos los rincones de la tierra. Mi corazón, entonces, regresa del viaje, destilando el néctar, extasiado, hacia la tierra que lo acoge y lo sostiene. Un fuerte abrazo para cada uno de vosotros.
Marivi,
Cáceres
19
de
abril
2004
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